CAPÍTULO II
Juan, tan borracho como de costumbre, no sabía
el poder que tenia en sus manos, y decidió vendérselo a un francés. El
comerciante francés que se encontraba en ese momento en Santiago de Compostela. Él se llamaba Bruno, era alto delgado, con ojos azules y pelo
castaño. Como cualquier persona del medievo tenía un carácter arisco y era muy
desconfiado.
Juan le vendió aquel
códice por unos 50 saldos, algo que por aquella época era bastante poco y como
Bruno era un gran timador consiguió lo que quería a muy buen precio. Si, todos
sabemos lo que Bruno iba a hacer, iba a leer el códice y descubrió la
fecha, ¡¡¡LA FECHA DEL
FIN DEL MUNDO!!! Se sorprendió bastante, no quedaba mucho tiempo, pero... tuvo
que decidir entre saber que el mundo iba a acabarse y vivir hasta el fin con
ese remordimiento o revender aquella valiosa pieza. Bruno estuvo meditando
mucho la decisión todo el día porque por una parte si lo vendía podría obtener el triple del dinero que se
había gastado pero igualmente él
seguiría sabiendo lo que iba a ocurrir porque ya lo había leído y era lo mismo
con libro o sin libro a si que decidió quedárselo.
A la mañana
siguiente Bruno decide ir al Monasterio de San Vicente que está situadoen Oviedo para ver si puede
dormir allí.
Cuando llegó al
Monasterio de San Vicente decidió ir a hablar con el sacerdote
para preguntarle si podía dormir allí unos días:
-Hola señor
Dionis, ¿qué tal está?, dijo Bruno.
-Muy bien y
usted, contestó Dionis.
-Bien, podría
quedarme unos días a dormir en el monasterio, dijo Bruno.
-Si hombre
encantado, le enseñaré la habitación en la que va a dormir, replicó Dionis.
El sacerdote le
llevó a la habitación en la que dormiría.
-Uy! Qué
grande es la habitación muchas gracias, dijo Bruno.
-De nada, le
respondió.
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